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Sueño

marzo 4, 2010

Empezé a poder ver lo que tenía a mi alrededor. Al principio solo distinguía el color blanco sucio de las paredes, y luego el negro del techo; a medida que mi vista se iba aclarando, empezaba a reconcoer la familiar estructura del metro de madrid. Por el aspecto de la parada, debía ser vinateros, en la línea 9. La única persona que había en esos momentos era yo. Estaba en el extremo derecho, pisando la línea amarilla de precaución, mirando al infinito, y al intentar pensar donde demonios estaba, o por qué me encontraba ahí, solo una respuesta acudió a mi mente: iba a llegar un tren a esa parada, y pasara lo que pasara, coger ese tren era algo que tenía que hacer. Aún ahora me pregunto de qué se podía tratar, pero en esos momentos, no había ninguna duda en mi corazón de que tenía la OBLIGACIÓN de coger ese tren; la única sensación diferente que rondaba mi cabeza, era que debía hacerlo para que nada…saliese ma,algo malo pasaría si no lo hacía…todavía no sé como describir exactamente lo que me ataba a ese tren, pero no podía dejarlo pasar.

De repente, de una foma que solo puede pasar en los sueños, reparé asombrado en que no estaba solo en el andén. En los bancos situados a mi espalda, se encontraba mi novia sollozando cabizbaja. Me senté a su laod para preguntarla qué pasaba. Ella me respondió aún con las lágrimas cayendo por sus rojas mejillas: “Si subes a ese tren, morirás, y jamás volverás a verme”.

Me tomo unos momentos para pensar en lo que me dice. Me hubiera gustado poder tranquilizarla y decirla que no podía ser cierto, sin embargo mi respuesta fue un llanto desconsolado sobre su hombro. El peso de lo que yo sabía que era la realidad cayó sobre mí como una losa, pero debía subirme a ese tren pasara lo que pasase. Aunque la semilla del miedo ya estaba plantada en mi ser, pensaba que podría aguanatrlo; debía aguantar. Y así, llorando por mi inminente partida, decidí compartir con ella un último beso y un fuerte abrazo, atrayéndola con fuerza hacia mí en un inconsciente intento de evitar que se separara de mí.

Mientras comenzaba a separarme de ella, el tren empeaba a entrar en la desolada bóveda. Aún tenía su mano sujeta entre las mías, y a pesar de que sabía que debía levantarme, mi cuerpo no respondía a la muda llamada del destino. La miré a los ojos pensando que sería la última vez que lo hacía; aquellos preciosos ojos grises que podía contemplar durante horas y horas, y en los cuales había encontrado la felicidad. Y sin embargo fue en ese preciso momento cuando comprendí, que no la estaba mirando a los ojos porque me fuera, o besándola porque fuera a morir, ni abrazándola porque no vovlería a hacerlo más: no eran gestos de despedida; solo intentaba buscar en su cariño una excusa para justificar el hecho de que ahora me hayase paralizado, sin poder levantarme y hacer lo que debía hacer. Las puertas del metro se abrieron sin que yo me hubiese levantado, en un intento de conseguir que fuera en ella. No fue suficiente. Mis lágrimas no paraban de salir de mis ojos, ahora que había comrpendido por qué lloraba: no podía hacerlo; siempre lo había sabido, y ahora la culpa que sentía en mi interior se reflejaba en mi llanto. Ya no era un llanto de tristeza. Se había transformado en uno de impotencia, un grito desesperado en el que no encontraba las fuerzas para vencer la cobardía de mi persona.

Las puertas se cerraron. El metro se fue. No pasó nada. Solamente le miraba a ella y me sonreía por quedarme a su lado. No podía evitar sentirme feliz de seguir con ella, a pesar de que por mi culpa, algo malo iba a pasar a mucha gente cuando yo debía haberlo evitado. Yo la devolví la sonrisa, pero la culpa que sentía en mi pecho estaba matándome, me asfixiaba, no podía soportarla. Mis últimos pensamientos fueron: “soy un cobarde, soy un cobarde, soy un cobarde…”

Y entocnes, desperté.

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2 comentarios

  1. ¿Has comprendido ya qué era aquello tan trascendental que tenías que hacer cogiendo el tren? ¿A quién ibas a ayudar? Te diré algo que nunca debes olvidar: tienes capacidad para conseguir miles de cosas inalcanzables para cualquier otra persona. Derrochas talento en muchísimos aspectos. Pero, sobre todo, recuerda algo: ésta es tu vida, y si no la disfrutas, si te sacrificas demasiado por los demás acabarás hundiéndote en un pozo del que jamás podrás salir. Tu sueño lo dice claro: toma lo que está en tu mano mientras puedas, olvida lo que eres capaz de hacer, porque si tomas ese tren, te perderás a ti mismo.
    Un saludo camarada.


  2. No, he seguido pensnado en ello de vez en cuando pero no he llegado a ninguna conclusion. Sin emabrgo no se me habia ocurrido mirarlo tal y como tu m lo has presentado, y la verdad s q esa interpretacion la veo bastante coherente. Y saliendo de la tonica seria de etse post, t dire literalmente q tu comentario ma llegado a la patata y lo valoro muchisimo; es un gran consejo, sabio, ese q me das. Gracias tio ,de verdad :)Pero qe sepas que cada uno tiene sus fuertes y sus debiles, y tu t aseguro que tienes un cojon d puntos fuertes que ya les gustaria tener a muchos. t lo garantizo. Y cuando aprendas a concoerte a ti mismo, y veas tu fuerza y tus limitaciones, entonces nada ni nadie podra pararte, te propongas lo que te propongas.



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